20 años Inrockuptibles / 2001 > Entrevista a Björk

¿En qué circunstancias te pusiste a componer Vespertine?
Empecé a partir de una necesidad de reaccionar contra Homogenic, que había sido grabado en Londres y era un disco muy abierto hacia el exterior. En esa época, yo misma era muy extrovertida, buscaba el conflicto, tanto en el plano emocional como en el musical. En Homogenic, los ritmos eran retorcidos, había violines muy románticos. Era un disco de pintura al óleo, muy poderoso. Mientras que éste es más una acuarela, es más introvertido. Homogenic era muy arrogante, Vespertine es más humilde. Homogenic era un disco de verano, de desierto, de combustión, Vespertine es un disco de invierno, para escuchar en tu casa, en penumbras, mientras te tomás una taza de chocolate caliente. Al principio, quería ponerle al disco Domestica, porque para mí representa una oda al hogar ­­–pero esa dimensión ya aparecía en la música, así que no necesitaba un título tan literal. Lo compuse en Islandia, en invierno, cuando solo hay unas pocas horas de luz por día.

Es extraño escuchar a alguien como vos, que parece desbordar de energía, alabar las virtudes del hogar.
La tecnología cambió muchísimo las cosas. A través de Napster, de Internet, creo que escuchar música es en este momento una actividad muy doméstica. Hasta no hace mucho tiempo, las mejores experiencias musicales se desarrollaban en los hogares; pocas personas iban a los conciertos, la gente tenía instrumentos y tocaba en su casa para los demás. Se encontraban a la noche para hacer música en familia, con amigos. Después, en el siglo veinte, tuvimos una experiencia como la de Woodstock, paredes de amplificadores y recitales en las que quinientas mil personas entraban en comunión. La sensación era que la música no podía ser más que una experiencia colectiva. Ahora creo que la música está regresando al hogar. Cuando era chica, iba a una escuela de música, y para eso tenía que salir de mi casa. Mi hermano tenía otras actividades, también exteriores. Todos teníamos diferentes pasiones que nos alejaban de casa. Hoy en día, un chico toca en una computadora y puede tener los mejores juegos del mundo en su casa. La mejor música se consigue en Internet. Me encanta ir a las disquerías, pero es aún mejor con Internet: puedo encontrar discos que buscaba desde hacía veinte años. Ya sea que uno se interese en los insectos, las ovejas o la medicina, cada uno puede satisfacer su pasión en su propio cuarto. Además, trabajé mucho con mi computadora portátil a través del mundo entero. Entre las tomas de Dancer in the Dark, trabajaba en este disco en mi casa rodante, sumergida en mi laptop. Compuse la mayor parte de las canciones en Islandia e hice la posproducción en Manhattan, pero siempre en condiciones domésticas. Recién en la mezcla fuimos a un estudio. Así que este disco es también una declaración de amor a la computadora portátil.

¿Por qué elegiste llamarlo Vespertine?
Esa palabra define lo que aparece a la caída de la noche, en el crepúsculo. Peto es también la plegaria nocturna. No soy religiosa, pero si tuviera que rezar lo haría con este disco. Trato de encontrar paz interior. Para mí, el volverme ligeramente religiosa es como una broma. La religión es mi mayor tabú: representa la autoridad. Y además, Islandia es un país pagano, no es religioso. Pero si tuviese que hacer un disco religioso, sería éste. Y si tengo una religión, es la naturaleza. Cuando volví a Islandia después de haber filmado Dancer in the Dark, me pregunté dónde podía estar mi iglesia y cuáles podían ser mis ritos. Subí a la cima de un glaciar, caí de rodillas, me puse nieve en la boca y la dejé fundirse. Era mi comunión, me volví una parte de la aurora boreal –fue después de eso cuando escribí la canción “Aurora”. Caer de rodillas y comer nieve: no puedo ir más lejos para acercarme a Dios. Así que hay mucho de sagrado en este álbum.

“No rengo ningún método de songwriting: la escritura está ligada a mi vida de todos los días. Cuando me despierto a la mañana, siempre tengo una canción en la cabeza. Después tengo que lograr sacarla. Para eso camino varias veces por día.”

¿Se puede decir que Vespertine es tu disco más personal?
Es difícil afirmar eso. En todo caso, es ahí donde estoy ahora, por más que sienta que me empiezo a alejar. La última canción que compuse es “Pagan Poetry”, que es la más física del disco. Esa faceta mía está regresando, mis plumas rojas vuelven a crecer.

¿De dónde te viene ese nuevo modo de encarar las cosas?
Sin duda de la película de Lars von Trier. Durante la filmación, todo estaba lleno de distorsión, todo era a mil. Después volví a mi casa para componer canciones que no podían estar dentro del exceso emocional. Siempre traté de encontrar un equilibrio entre lo emocional, lo intelectual y lo físico. Sin embargo, durante la película, eso iba en un solo sentido. Necesitaba restablecer el equilibrio. Y además, lo que me decepcionó de la película es que no tiene esperanza, muestra solo la oscuridad. Cuando la gente sale del cine, no tiene esperanza alguna. Me siento responsable de salvaguardar la esperanza, está en mis genes.

Viéndola en perspectiva, ¿dirías que Dancer in the Dark fue una experiencia positiva para vos?
Necesitaría diez años más para contestar esa pregunta. En primer lugar, diría que esa colaboración provocó mucho daño en mí. Necesité mucho tiempo para salir de eso, y la música me ayudó. Después de hacer la película, saqué en claro que ser la herramienta de otra persona podía ser destructor. La música es mi sueño, es lo que nutre mi vida. Sin el amor que da la música, no tengo absolutamente nada. La música puede ser agotadora: durante las giras, uno está gran parte del tiempo arriba de un avión, o en hoteles, lejos de la familia, de los amigos. Pero también estoy en escena cinco noches por semana, así que todo bien… Tengo mucha suerte y una vida que me permite no perder el contacto con mi pasión. Pero mientras hacía la película estaba apartada de mi razón de vivir. Por eso hoy en día siento aún más simpatía hacia la gente que no hace lo que soñaría hacer, la gente simple que trabaja, que tiene una familia y trata de llevar las cosas adelante.

Sin embargo, en Vespertine, uno tiene la sensación de cruzarse con alguien que trata de realizar sus sueños, de cambiar de vida.
Siempre estuve obsesionada con la verdad, y con la idea de que la música es a menudo una manera de no enfrentar al mundo. Quería hacer una música tan real como fuera posible. Mientras hacía este disco, también pensaba mucho en la inocencia –hay algo de Disney en mi música. Sin embargo, ese universo no me gusta demasiado: es puta fantasía, no existe, es para los cobardes. Pero ahora me digo que está bien crear una burbuja. Si creés muy firmemente en eso, va a terminar existiendo. Dulcemente, las cosas artificiales pueden volverse reales si uno cree con vehemencia en ellas.

Vespertine es un disco muy brumoso. Al escucharlo se percibe la sensación de caminar por un campo nevado, de noche. Uno puede terminar extraviándose…
Quería que la música fuera como una corriente, con canciones que parecen no detenerse nunca. “Hidden Place”, “Undo” y “Unisson” tienen largas codas. “Frosty” y “Aurora” se mezclan. Antes no quería hacer algo así. Cuando hago música extrovertida, es como si las canciones fueran personajes que se presentan, “Hola, soy tal canción, soy así”, después al final se va dando un porrazo y llega la canción siguiente, “Hola, soy yo”. Homogenic era así, pedía atención, “¡escúchenme cuando hablo!”. Pero con Vespertine, la narración es distinta. Las canciones no tienen comienzo ni final. Tengo muchas ganas de explorar ese territorio donde la comunicación ya no es frontal. Vespertine no se interesa por la confrontación, sino más bien por la búsqueda de un paraíso personal, oculto. Es un éxtasis muy tranquilo, solitario. Muchas personas tienen miedo de quedar libradas a sí mismas, tienen miedo a la soledad, la asocian con la depresión, solo se sienten fuertes en grupo. No soy así. La felicidad puede estar en todas las situaciones, la soledad puede hacerme feliz. Este disco es una forma de mostrar eso.

“Tengo la idea romántica de ser esa mujer islandesa que vive en un pueblo y da recitales los viernes por la noche, cantando canciones que hablan de lo que le pasó en la semana, de la gente que conoció.”

¿Cómo trabajás en una nueva canción? ¿Por dónde empezás?
Cada canción tiene que satisfacerme en todos los aspectos: emocional, sonoro y humano. Las personas con las que trabajo son muy importantes. Cuando hago una canción humilde, tengo ganas de trabajar con gente humilde. No rengo ningún método de songwriting: la escritura está ligada a mi vida de todos los días. Cuando me despierto a la mañana, siempre tengo una canción en la cabeza. Después tengo que lograr sacarla. Para eso camino varias veces por día. Cuando me fui a vivir a Manhattan, tuve que encontrar recorridos por los que podía pasear durante horas. Me vuelvo como un volcán, canto y canto y canto hasta que sale algo de todo eso. Es un ejercicio físico. A fuerza de cantar, de escuchar, mis ideas se van ordenando. A veces canto únicamente canciones viejas, y a veces aparece una nueva. Así que cuando vuelvo al estudio, ya hice el 80 por ciento del trabajo sola. Ese es mi método de trabajo. Después, los arreglos, la grabación, todo eso es más artesanal, está más organizado, como cualquier trabajo.

Harmony Korine coescribió una canción con vos…
Lo conocí accidentalmente en Nueva York hace cuatro años. Es muy espontáneo, y la prueba de que uno puede ser despellejado vivo en este mundo civilizado. Es muy duro para él, choca mucho con la gente normal. Cuando estaba haciendo Dancer in the Dark y tenía momentos muy difíciles, él me reconfortaba, me mandaba libros. Es alguien muy importante para mí. Conocer personas que tienen ganas de cambiar el mundo y que demuestran entusiasmo es muy importante. Todos los años llego a conocer por lo menos dos personas que me entienden. Harmony Korine es una de ellas. Pasamos por problemas similares… Cuando uno es una persona instintiva, caótica, no tiene lugar en el mundo racional y civilizado. Yo, cuando estoy en un ambiente natural, me siento en armonía. Todo es perfecto, no hay agresión. Hasta puedo quedarme sola durante semanas, no me aburro nunca.

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¿Lográs unir fácilmente los extremos?
Hay un equilibrio, días buenos, días malos… Muchos de mis amigos, que son igual de excéntricos que yo, tuvieron muchos problemas en su infancia. Los otros chicos los molestaban. A mí no me pasó eso, siempre tuve uno o dos amigos que me entendían de verdad. Siempre me pareció un privilegio poder estar sola en medio de la naturaleza. Pero cada vez aprecio más el hecho de pasar de un universo al otro. La última vez que fui a Islandia, venía de Nueva York y tenía puestos zapatos pequeños. Llegué a mi casa, abrí mi valija donde no había más que zapatos de tacos altos. Pensé: “Pero, ¿dónde tengo la cabeza?”. Saqué mis borceguíes y me pasé días caminando por las montañas como una loca. Después fui a París y todavía tenía mis enormes borceguíes en los pies. Era raro: en el avión mis botas no entraban debajo del asiento de adelante. Y terminé en un hotel elegante, con los borceguíes en los pies sobre la alfombra roja. Se me había roto un cordón y agarré una cuerda de la cortina para reemplazarlo. Después cambié de zapatos: bienvenida a la ciudad… Siempre estoy en esa transición entre lo urbano y lo rural, pero me gustan las dos cosas. Me encanta la ciudad, pero no durante demasiado tiempo. Hay un momento en que tengo que volver a la naturaleza, si no me vuelvo loca. Entre el final del rodaje de Dancer in the Dark y el Festival de Cannes, me pasé un año entero en Islandia. Al final, estaba a punto de estallar, necesitaba ver gente. Me sentí muy temerosa en Cannes, pero también muy feliz de ver gente.

Después de Cannes subiste un nuevo escalón en la fama. ¿Es importante para vos ser importante?
No busco que me presten atención a cualquier precio. No quiero estar en los medios todos los días; ser demasiado famoso puede ser peligroso. Los chismes sobre mi vida personal no tienen nada que ver con mi música. Pero la línea de separación es fina. Honestamente, estoy muy orgullosa de hacer un buen trabajo, muy contenta de ser respetada por la gente que admiro. Pero no me interesa ser importante todo el tiempo para la mayor cantidad de gente posible.

Vespertine es el disco de una persona solitaria que se encuentra rodeada de mucha gente. ¿Podrías algún día llegar a hacer un disco realmente sola, sin colaboradores?
Cuando escribo canciones, estoy sola y mis canciones hablan muchas veces de soledad. Los momentos más felices de mi vida son muchas veces instantes de soledad: alcancé grandes estados de euforia cuando estaba sola, cantando y fundiéndome con la naturaleza. Hay cosas buenas en el hecho de trabajar con otra gente. A veces tengo canciones que están terminadas, en las que lo hice todo. Y después basta con que una persona agregue un sonido para que retome todo. ¿Trabajo sola porque soy orgullosa y me basto a mí misma? Es una pregunta que me hago todo el tiempo.

“Honestamente, estoy muy orgullosa de hacer un buen trabajo, muy contenta de ser respetada por la gente que admiro. Pero no me interesa ser importante todo el tiempo para la mayor cantidad de gente posible.”

Trabajaste mucho con Matmos en este disco. ¿Qué representan ellos para vos?
Lo que me gusta de ellos es que no son músicos profesionales, tienen otros intereses; así que tenemos cosas que intercambiar. Aportamos cosas diferentes, pero el intercambio musical funciona en ambos sentidos. Era igual en la época de los Sugarcubes; los integrantes del grupo estaban más orientados hacia la poesía que hacia la música; hablábamos mucho de literatura… Eran intelectuales y literatos, y yo, en cambio, era más intuitiva. De Matmos me gusta también que tengan mucho humor. Hay mucha gente que hace música electrónica experimental que se toma demasiado en serio. Me gusta la música minimalista, pero pienso que los seres humanos que la hacen no tienen que ser minimalistas en el plano de los sentimientos. Los chicos de Matmos son muy sensibles. Reorquestaron mis viejas canciones para tocarlas en vivo, lograron hacer de canciones muy oscuras algo muy alegre y humorístico.

Decías que Lars von Trier te había utilizado como una herramienta. ¿Te gustaría ser la herramienta de algún músico, hacer, por ejemplo, un disco de dúos o cantar las canciones de otro?
Me encantaría, pero no hay muchos músicos con los que podría hacer eso. Con Lars era difícil porque yo no conocía demasiado el mundo del cine. Pero me encantaría hacer eso con un músico de confianza. ¿Quién? Tal vez Aphex Twin. Con él hemos hablado mucho de música, muchas veces estamos a punto de comenzar algo. Cuando lo conocí hace seis años, me pidió que cantara en su contestador cuando tuviese ganas. Quería convertir eso en un disco. Pero la idea no me gustaba demasiado. Sí tengo ganas de hacer dúos; me encantó cantar con Thom Yorke. En un dúo me disuelvo por completo, me convierto en la mitad musical de alguien. Es más fácil para mí hacer eso con la música que en la vida real. Hablé con Thom Yorke… nos gustaría volver a trabajar juntos; pero lo que me encantaría es que él me escribiera canciones.

Los coros son muy importantes en Vespertine, parecen atravesar la música como un leitmotiv. A veces hacen pensar en “What’s Going On”, de Marvin Gaye.
No escuché mucho ese disco, pero entiendo lo que querés decir. Cuando empecé a trabajar en las letras de este álbum, escribí una suerte de diálogos, como pequeñas conversaciones. Tardé bastante tiempo en entender por qué. Era como Pinocho y Pepe Grillo. Al ir envejeciendo, uno tiene estas dos facetas: lo que debería hacer y lo que ha hecho. Desgraciadamente, las dos no siempre se encuentran. En mi disco, los coros representan mi lado bueno, una suerte de conciencia inocente que dice que todo va a salir bien.

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En este álbum tu voz es importante, pero también se escucha en varias oportunidades tu aliento.
Sí, por un montón de razones. En primer lugar, tengo más técnica de canto, logro ser al mismo tiempo intuitiva y técnica. La técnica en el canto es como tener las perillas de bajos y agudos en un amplificador, te permite jugar con más cosas. Emocionalmente, el disco es muy introvertido; lo que se escucha es un susurro, un aliento, no un grito físico. Con mi portaestudio pude experimentar muchas cosas, usar mi voz como un instrumento. Matmos hizo un remix mío en donde utilizaron nada más que mi aliento, y eso sin duda me influenció. En Vespertine hay treinta cantantes hombres, treinta mujeres y veinte chicos. En este momento, los coros me fascinan.

¿Por qué no cantás en islandés?
Los cinco primeros años en que empecé a tocar en grupos, ni siquiera cantaba con palabras. Después empecé a cantar en islandés. Tuve que pasarme al inglés cuando estaba en un grupo punk; tocábamos en squatts en Alemania, y era absolutamente necesario que nos comunicáramos, que explicásemos de qué hablaban nuestras canciones. El sentido de mis letras no es tan importante, la clave está en las sonoridades.

¿Cómo te presentarías a alguien que nunca escuchó hablar de vos?
Diría que soy una mujer islandesa, que trata de ser verdadera al mismo tiempo como islandesa y como habitante del universo. Para expresarme, la forma que utilizo es la música pop, que también se podría llamar música folk. Tengo la idea romántica de ser esa mujer islandesa que vive en un pueblo y da recitales los viernes por la noche, cantando canciones que hablan de lo que le pasó en la semana, de la gente que conoció.

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Entrevista publicada en el número 59 de Los Inrockuptibles — septiembre de 2001.