“El patito Saubón”, de Carlos Nine

Carlos Nine falleció el pasado julio. Por eso, la reciente edición de El patito Saubón, una de sus obras clásicas, nacida en Fierro en 1989, es, como dijera él a comienzos de este año, “una deuda a saldar, porque lamentablemente muchos de los que logramos un lugar en otros mercados hemos tenido un gran problema a la hora de ser reconocidos. Y no hablo de laureles, hablo de la posibilidad de ver nuestros libros, nuestra obra, publicada en bateas de nuestro país”. La editorial que se encargó de cumplir parte del sueño de Nine, que ganó un premio en el Festival de Angouleme de 2001 gracias a la edición francesa y a color de este material, es Hotel de las Ideas, y el libro en cuestión es una edición que comprime el núcleo duro (pero fluido) del autor.

Nine es parte crucial del ADN de la historieta argentina moderna, aquella que decidió que los cuadritos podían ser más (sabiendo, claro, todo lo que podían contener: no había irreverencia, había una idea plena, consciente de milagros pasados surreales y pasiones concretas, de jugar, de crear belleza traviesa, termita de sus logros visuales a fuerza de sus pasos de cartoon de comienzos del siglo XX). Desde sus portadas de Humor o Humi hasta su Fantagas, su Keko, su Muertes y castigos, todo Nine se mueve como mercurio: limpia y corroe, quema al ser tocado. Porque guste o no, su obra y sus animales antropomórficos son únicos, no importa si esta puede “ponerse demasiado pictórica” o cualquier queja berreta; Nine creó una historieta distinta, excepcional, de la misma forma que lo hicieron Moebius, Breccia, Kirby, Otomo o Spiegelman. Fue distinto, y esa distinción nacía desde una pureza fácil de diseccionar pero no sencilla de entender como organismo vivo.

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El patito Saubón

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Aquí, en Saubón, aparece el tango, lo arrabalero, cruzado con Krazy Kat, con paisajes líquidos, flotantes sobre su propio surrealismo y sus mutaciones. Laten el cine de situación de principios de siglo, desde Buster Keaton hasta Betty Boop, y el varieté. Hay una razón: sus historietas son siempre la fiesta de aquellos que ya no están (siempre se respira limbo en sus viñetas; feliz, pero limbo), la actualización (una de las millones posibles) de la alegría de contar en una página. En Nine, como en cualquier milagro de un arte, convivían otros milagros y, mejor, otras lecturas de esos milagros: Saubón es tan solo la cristalización de una furia sonriente, que implicaba amar el descubrimiento, el movimiento y la pleitesía como forma enloquecida, caprichosa y única de hacer historietas.

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Carlos Nine
El patito Saubón

(Hotel de las Ideas) 120 páginas