Lana Del Rey habla de “Honeymoon”

Desde hace años se viene hablando de la desmaterialización de la música en la era del MP3 (un fenómeno ante el cual los amantes de los vinilos resisten desde su trinchera), pero no se habla tanto de la desmaterialización del pop en particular, y mucho menos de la desmaterialización de la estrella pop. Sin embargo, son muchos los artistas contemporáneos que están recorriendo el camino de la depuración, la limpieza a través del vacío y la ausencia como concepto. De los hits bolicheros del trap a las brujerías electrónicas de James Blake pasando por las baladas fantasmales de Lana Del Rey, es como si toda una parte de la música actual pudiera vincularse entre sí. Y en este juego de borramiento y desmaterialización, Lana Del Rey es una de las más misteriosas artesanas, casi un espectro.

Sin embargo, su música había intentado volver a lo concreto en Ultraviolence (2014). Al contratar a Dan Auerbach de los Black Keys y a su ejército de amigos, Lana Del Rey había abandonado su materia espesa. Soñaba con simplicidad, con calma, con una pausa bajo la influencia de la quietud californiana, con los años hippies. Pero evidentemente la despreocupación no estaba hecha para ella y sus tormentos. Era solo una máscara de serenidad que tenía que fisurarse.

“Tengo una relación visceral con la música, es una de las cosas más íntimas y naturales para mí. En términos de placer, la pongo al mismo nivel que el sexo.”

“Summertime Sadness”, “Born to Die”, “Dark Paradise”, “Sad Girl”: los títulos de los temas de Lana Del Rey resuenan como un catálogo del malestar, con ese aspecto duro y retorcido de los textos que tienen algo de autocompasión. No sabemos de dónde viene esa desgracia, pero impregna una música que se resume en una puesta en escena lujuriosa de la muerte, como un cabaret fúnebre tapizado en seda y satén. Lana Del Rey construyó este universo durante un tiempo, inspirada por libros, películas y canciones: Kerouac, Nabokov, Sartre, Ginsberg, Nina Simone, 2Pac, Leonard Cohen…

La desmaterialización de la música de Lana Del Rey es muy evidente en Honeymoon, su nuevo disco, que retoma la idea de ausencia. Su lentitud, languidez, torpeza y agonía encarnan una forma de abandono que contrasta con la determinación y la energía de una cantante cada vez más directa, que toma las riendas de su música y apunta al corazón. “No conozco mejor combinación que la de lo animal y lo cerebral”, nos previene. Y lo recuerda todo el tiempo en Honeymoon: lo primero que podemos mirar en una mujer es su cerebro, sexy como ninguna otra cosa.

¿Cómo viviste la incomprensión frente a tu disco Ultraviolence del año pasado?
No me importan las críticas de mis discos, pero lamentablemente influyen en la manera en que la gente va a escuchar mi música, así que prefiero que sean favorables… De todas maneras, heredé el lado filosófico de mi padre: creo que si las cosas no están demasiado mal, entonces están bien. En ese sentido me siento privilegiada de poder seguir haciendo lo que me gusta.

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¿Necesitabas esa ligereza en tu vida, esa despreocupación?
Era un antídoto frente a lo que pasaba. Necesitaba hacer un disco que sonara exactamente como lo que escuchaba en mi cabeza. Era la única manera de preservar mi visión. Siempre necesité ese tipo de simplicidad. Sentía una verdadera despreocupación respecto de la manera en que la música era recibida y al mismo tiempo estaba totalmente obsesionada por mi artesanía y mis canciones. Es el mejor estado posible cuando una está haciendo un disco.

¿Puede ser que hubiera demasiada gente alrededor dando consejos y opiniones?
Constantemente hay gente y siempre opinan sobre lo que estamos grabando, pero no sé si eso influye tanto. No es que desprecie esas opiniones, pero… Cuando se trata de producir, sobre todo la voz, solo me siento cómoda si me mantengo fiel a lo que escucho en mi cabeza. No grabé Ultraviolence como una reacción a algo: es solo el disco que quería escribir, de la manera en que quería que sonara.

Las expectativas de los demás no parecen preocuparte…
Me siento muy alejada de esas expectativas, básicamente porque la reacción de la gente frente a mi música va a ser sí o sí distinta de la mía. Hubo un solo momento en el que me puse mal, porque sentí que lo único que se destacaba de mis canciones era la tristeza. El mejor remedio fue cerrar las persianas y seguir trabajando.

“La canción “Honeymoon” definió el tono, junto a “Music to Watch Boys to”. Me encanta la idea de la luna de miel como el apogeo de una relación romántica. Se supone que es el momento más bello en la vida de una mujer.”

¿Pensabas en evadirte?
Mi cerebro y mi imaginación tienden a funcionar sin parar, así que mis evasiones son más bien físicas. Mudarme, por ejemplo. Siento la necesidad de vivir algo diferente, neurológica y físicamente. Siempre encontré formas de evadirme.

¿Llegás al punto de dar un portazo?
Bueno, escapar siempre es una opción. El gran problema es que a todos lados donde voy, voy en compañía de mí misma. Los únicos dos lugares en los que logro desconectarme de verdad son la playa y la ruta, cuando manejo. Durante mucho tiempo, mi propia música era mi más bella fuente de evasión, pero con el paso de los años se volvió mi realidad, aquello de lo que me quería evadir. Sin embargo, tengo una relación visceral con la música, es una de las cosas más íntimas y naturales para mí. En términos de placer, la pongo al mismo nivel que el sexo.

¿Por qué la música ocupó ese lugar en tu vida?
Porque estaba destinada a hacer música. Me contenté con hacer lo que debía hacer y eso invadió completamente mi vida. Es lo que sucede cuando uno está en el camino correcto. Hasta hace algunos años, yo consideraba a algunos músicos como una enorme inspiración, sentía mucho amor por ellos, pero de forma sana. Recientemente perdí un poco esa conexión.

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Cantás un fragmento de un texto de David Bowie en tu disco. ¿Siempre estuvo en tu panteón?
A veces, cuando cantás e improvisás, las frases surgen de cualquier lado… Espero que no se enoje. Pero estoy convencida de que esas palabras surgieron por algo, por eso no cambié esa línea. Bowie es un espíritu muy estimulante. El comienzo de los setenta fue un período extraordinario, con toda esa música y la energía de la época. ¡Me hubiera encantado vivir esos años con amigos increíbles!

¿Hasta qué punto tu relación con el oficio de compositora evolucionó desde tus comienzos?
Desde hace unos diez años estoy completamente sumergida en lo artesanal, con mucho placer. Me acuerdo con ternura de mis primeros pasos, aunque haya sido hace mucho… Últimamente estoy menos preocupada por las estructuras y las composiciones, y dejo que algunas cosas sucedan naturalmente. Para ser sincera, esta libertad musical es emocionante, me siento bendecida. Es como si hubiera logrado correrme de las estructuras que hasta entonces me definían, evolucionando así hacia otra dimensión física. Como si ampliara los límites de mi alma gracias a las palabras y las melodías…

¿Qué tanto te involucrás en la parte técnica?
En términos de sonido, arreglos y producción, para mí es fundamental ser precisa. En un disco, el proceso de mezcla y mastering toma muchísimo tiempo. Estoy totalmente implicada en este trabajo, junto a mi productor y mi ingeniero de sonido. Mucho después de haber terminado de componer las canciones, la producción evoluciona hasta el último minuto. Soy muy detallista en este aspecto. Sin embargo, siento que tenía más fluidez cuando era más joven. Era más elocuente, musicalmente hablando. Ya dije muchas cosas en mis discos y pasé por muchas experiencias en estos dos últimos años que terminaron por parasitar los diálogos entre mi musa y yo.

“No me importan las críticas de mis discos, pero lamentablemente influyen en la manera en que la gente va a escuchar mi música, así que prefiero que sean favorables.”

¿Qué cambió en tu forma de trabajar durante la grabación de Honeymoon?
No mucho. Simplemente no fui a buscar a un segundo productor que cambiara el sonido del disco en medio del proceso. El año pasado hice todo Ultraviolence con Rick Nowels antes de llevárselo a Dan Auerbach. Esta vez, en cambio, me quedé en el estudio con Rick y terminamos todo juntos. Es a la vez mi socio y un amigo muy querido.

¿Hay una palabra o una idea que defina la estética de este nuevo disco?
La canción “Honeymoon” definió el tono, junto a “Music to Watch Boys to”. Me encanta la idea de la luna de miel como el apogeo de una relación romántica. Se supone que es el momento más bello en la vida de una mujer. Y yo buscaba que mi vida fuera más bella de lo que era. Todos los sentimientos y las inquietudes que experimentaba, así como todas las preguntas que me hacía sobre el futuro, influyeron en las letras, claro, pero también en las melodías. Aparte de eso, no sentí influencias exteriores en este disco.

¿De dónde te viene esa nostalgia?
Reflexiono todo el tiempo, soy bastante contemplativa. También soy muy romántica. Y creo que eso, en combinación con mi pasión por las películas, explica por qué mi estética puede parecer nostálgica. ¡Yo prefiero pensar que simplemente tengo buen gusto!

¿Qué te gustaría cambiar de vos?
Me gustaría vivir sin miedo.

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Honeymoon

Lana Del Rey
Honeymoon

(Universal)