“Shadows in the Night”, de Bob Dylan

En su trigésimo sexto disco, Bob Dylan le canta a Frank Sinatra. Que no es lo mismo que decir que canta “como” Frank Sinatra. Porque si bien retoma los estándares que solía interpretar el crooner imperial, Dylan se los apropia y los traduce a su propio idioma, como supo realizar desde siempre con los diferentes géneros que aborda. No podría ser de otra manera.

Shadows in the Night es un disco para volver atrás en el tiempo. Y hablando de tiempo, lo primero que Dylan hace es ralentizarlo. No es una mala idea. Después de la tormenta de Tempest, su movido álbum de 2012, finalmente ha llegado la calma. Una vez más, como viene quedando en claro durante sus numerosas presentaciones en vivo, buena parte de la incontestable gracia de estas baladas eternas es responsabilidad de los músicos que lo acompañan. Se trata de un pequeño quinteto de jazz (guitarras, pedal steel, contrabajo –a veces tocado con arco– y percusiones subliminales) más algunos instrumentos de viento y metal. Más que tocarla, esta banda desgrana la música.

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Como para resaltar la química entre Dylan y el grupo que lo rodea, las diez canciones fueron grabadas en vivo en el estudio, exactamente en el mismo orden de su aparición. Probablemente sea gracias a esa espontaneidad que en los arreglos nos encontramos con la vieja magia que creíamos se había desvanecido desde la época dorada de Louis Armstrong: esa mezcla sabia entre lo sofisticado y lo evidente. Mientras los músicos hacen los suyo con total seguridad, Dylan simplemente tiene que coronar estos temas con su voz, dulcificada y lánguida, cada vez menos astringente. Y aunque solo fuera por los primeros veinte segundos modestamente majestuosos de “That Lucky Old Sun”, este disco ya hubiera valido la pena.

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Shadows in the Night

Bob Dylan
Shadows in the Night

(Sony)